¿Por qué la desaparición de un hombre joven pobre en una zona portuaria no genera alarma social? Esta es la pregunta que atraviesa el análisis del caso de Bryan Antonio Abad Narváez, de 23 años, desaparecido en agosto de 2020 en Machala, una ciudad donde el narcotráfico, la minería ilegal y el contrabando han convertido los puertos y corredores logísticos en territorios gobernados por el miedo y el silencio.

Este informe elaborado por Elena López, alumna de la Carrera de Género y Desarrollo de la Universidad de Cuenca, en el marco de sus prácticas con ASFADEC, revela que la desaparición de Bryan no puede entenderse como un hecho aislado.

En provincias como El Oro, las economías criminales reclutan sistemáticamente a hombres jóvenes, informales y sin redes de protección, ofreciéndoles la única salida económica visible en territorios abandonados por el Estado.

Los mandatos de masculinidad, que asocian el riesgo y la provisión económica a la identidad de los varones jóvenes, facilitan esa incorporación y naturalizan su exposición al peligro. Cuando estos hombres desaparecen, el silencio de sus familias no es indiferencia: es miedo. Y ese miedo, interpretado por las instituciones como sospecha de culpabilidad, ralentiza la búsqueda y profundiza el abandono.

Este análisis pone en evidencia que, la masculinidad joven en estos contextos no es un privilegio, sino un dispositivo de explotación y desechabilidad. La sociedad los criminaliza antes de buscarlos, las instituciones los investigan con menor urgencia, y el sistema los borra sin que se produzca una ruptura del orden social.

La desaparición masculina es, también, una forma de violencia de género, y reconocerla como tal es el primer paso para exigir que el Estado busque a todos los que faltan.

Descargar el informe