Una pérdida no es el fin de la lucha

El riesgo
que se corre al conocer personalmente a quien uno admira es decepcionarse.
Asumo el riesgo, y no es el caso ni de lejos… Pedro Restrepo supera
con creces la idea que tenía de él. Su voz suave y clara es el empaque perfecto
para sus ideas sencillas y lúcidas sobre la perseverancia; una palabra que se usa a la ligera,
y que seguramente muy pocos –entre esos él– han hecho carne.
Me recibe
en la casa en la que ha estado desde 1981, donde vivieron “los niños”, como él
llama a sus hijos Carlos Santiago y Pedro Andrés. Ambos fueron
desaparecidos por policías ecuatorianos en enero de 1988, en un caso que no
termina de aclararse, pues sus cuerpos no han sido recuperados.
Ni él ni su esposa, Luz Elena Arizmendy (fallecida en 1994), pensaron nunca en
dejar su casa, por no caer en lo que él ha bautizado como la ‘fuga geográfica’:
“Los problemas no desaparecen porque uno se cambie de lugar”, me dice entre las
muchas otras cosas sensatas que tiene la generosidad de compartir conmigo, la
mañana en que lo visito, cuando han pasado 26 años, 8 meses y 15 días (lleva la
cuenta) de la desaparición de sus hijos. Y él sigue luchando por encontrarlos.
¿Paciencia y perseverancia son
sinónimos?

No son tanto sinónimos, como complementarios. O sea la perseverancia es
insistir en una idea en la cual creemos y tiene que ser totalmente ayudada por
una paciencia muy grande.
¿La constancia vence lo que la
dicha no alcanza?

Yo creo que sí. L`? >V`? >V8 ?VМ>Vȯ >V?? >V@?? >Vmargin-bottom: .0001pt; margin: 0cm; text-align: justify; vertical-align: baseline;»>
Se necesita humildad para estar
dispuesto a esperar.

Todo tiene que ver con la importancia de lo que se pretende. Hay cosas por las
que vale la pena luchar, como el caso de nuestros hijos. Pero hay otras 
que aparentemente son muy importantes, pero que quizá no vale la pena
lucharlas.
¿Por qué cosas sí vale la ­pena 
perseverar?

Por la justicia, la libertad, la verdad, el honor, la dignidad y ante todo por
la familia y el amor.
¿En qué situaciones vale más
darse por vencido?

Por ejemplo, cuando se inicia una querella o un pleito que más tiene que ver
con el orgullo o con la vanidad.
¿Qué ha alimentado su paciencia
y perseverancia?

Creo mucho en la voluntad de uno mismo, en las convicciones y en el poder de la
mente. Es algo que está ahí dentro de mí, y no solo se ha manifestado en esto
que nos pasó.
¿En qué otros ámbitos?

Yo soy ingeniero mecánico y a los 23 años me pusieron de jefe de planta de una empresa
textil. Era jefe de un señor que se llamaba Israel y tenía por ahí 70 años, y
para él fue tremendo.
Supongo que no habrá querido
obedecerle.

Él no quería ni verme, no me hacía caso, se burlaba. Entonces yo empecé a
demostrarle que no era el enemigo y que tenía mucho que aprender de él. Para no
alargarle el cuento, a los cuatro años de trabajar juntos, yo me vine al
Ecuador y este señor lloraba porque no quería que me fuera.
¿Cuánto tiempo le tomó ganarse
su confianza?

Un año o un año y medio.
¿Diría que la paciencia es su
mayor virtud?

De pronto, sí. Pero es muy aburridor hablar de virtudes y más desde el punto de
vista personal. Yo creo que tengo una cualidad, que es ser positivo. Tengo fe,
creo en la gente, doy oportunidad y soy facilitador.
Volviendo a la desaparición de
sus hijos, ¿qué ha sido lo más duro de la espera de todos estos años?


Lo que se presenta a diario. En la mente ver las caras de esos dos niños, ver
sus alegrías, su amor, su proyección de vida.
¿No ha pasado un día que usted
no piense en ellos?

No, no ha pasado. Y cada vez que pienso  en ellos mis ojos se encharcan.
Porque es algo que uno nunca puede aceptar que haya sucedido. Tanta lucha,
tantas cosas que han pasado; y se ha conseguido cosas, porque tampoco es
cuestión de negarlo. Pero, por ejemplo, en este momento saber que uno no puede
llevar una rosa a un lugar (se quiebra)…
Dicen que Churchill dijo que si
uno está atravesando el infierno, la única opción es seguir adelante, ¿qué
opina?

Es muy real. Luz Elena, por ejemplo, se rompió al principio, pero luego fue muy
importante en esta lucha. Una mujer de mucha chispa, de una facilidad de
expresión, de una desinhibición muy grande para tratar con el poder de tú a tú.
En ese año que murió ya era prácticamente Luz Elena de nuevo y ahí vino otra
tragedia (el accidente). Otra vez fue el infierno, pero había que seguir
adelante.
 ¿Qué es lo opuesto a la ­perseverancia?

La impaciencia y el desánimo, pero también el pesimismo. En el caso nuestro,
era empezar una lucha con un poder enorme, como la Policía. Uno diría que es
imposible. Y la mayoría de gente ve eso.
Y deserta.

Claro, dice: no soy nadie; soy un átomo frente a esto. Y resulta que no, que el
poder puede tener las armas, el dinero, el tiempo… nos puede abrumar. Pero el
ser humano tiene la paciencia, el amor, la verdad, la inteligencia y la
indignación ante la violación de sus derechos.
¿Cuánto de terquedad hay que
tener para perseverar?

Mucha. Para pararse 19 años en una plaza, con una bandera, como familia, sin
una organización detrás ni nada, hay que tener mucho de terco.
Y no aceptar nunca un no por
respuesta.

Exactamente. Ni medias respuestas o una salida fácil. Y yo creo que los grandes
cambios en la humanidad son fruto de la terquedad. Un buen científico es una
persona que persiste en su idea, hasta que sale con ella o aporta a que otros
lo hagan.
¿La perseverancia anida en el
corazón o en la cabeza?

En ambas partes, pero en el corazón primero. En la cabeza están las
herramientas para no desesperarse y no dejarse vencer. Crear ideas es también
parte de la perseverancia. Por ejemplo en el caso nuestro, Martha (su actual
mujer; hermana de Luz Elena) ha generado cantidad de ideas para pancartas, para
frases, para acciones y eso lo genera el cerebro.
¿Qué le ha dado a usted está
constancia en la búsqueda de sus hijos?

La vida. Donde yo no hubiera luchado me habría muerto. La única forma en que yo
podía dormir era haciendo un balance de lo que había hecho ese día por buscar a
mis hijos. Ya sea haber escrito una carta, haber visitado a alguien, aunque no
me hayan recibido… lo que sea.
¿A qué se parece más la
perseverancia: al amor, a la rabia, a la templanza?

Diría que más bien al amor, porque puede tener un componente de rabia, pero a
veces la rabia también puede llevar a que la perseverancia se destruya.
¿Cuántas veces hay que perder
para ganar?

Las que sean necesarias. La perseverancia tiene que ver con que no siempre se
gana. La mayoría de las veces se pierde. Pero no hay que considerar a una
pérdida como el fin de la lucha, porque así no se llega a donde se quiere.
Si usted pudiera hablar con sus
dos hijos, ¿cuál sería la lección más importante de toda esta espera que
quisiera compartir con ellos?

La perseverancia (sonríe).
Pedro Restrepo


Nació en 1943 en Andes, al suroeste de Medellín, Colombia. Ingeniero mecánico
de profesión, tuvo una carrera exitosa en Colombia y en Ecuador, hasta fines de
los 80 cuando dos sus hijos desaparecieron, y él y su esposa decidieron
dedicarse por completo a su búsqueda. Aquejado por una artrosis muy agresiva,
ha tenido que volver a aprender a usar las manos; y lo logró. Estos días se lo
ve como nuevo.
Contenido publicado originalmente:
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Monitoreo de medios decomunicación

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