20thAbr

Siete años sin Christian Acevedo, una familia que no renuncia a buscar justicia

Han pasado siete años desde la desaparición de Christian Antonio Acevedo Olaran, chileno nacionalizado ecuatoriano, quien hoy tendría 59 años. Este 21 de abril del 2021 se cumplen siete años sin escucharlo hablar de astronomía, de teorías conspirativas, de libros. Sin la oportunidad de que sus tres hijos pasen tiempo con su padre, a quien veían los fines de semana, debido a que su profesión de ingeniero eléctrico le demandaba viajar constantemente a Puerto Francisco de Orellana (más conocido como El Coca), provincia de Orellana, en donde trabajaba para una empresa petrolera. Desde aquella tarde del lunes 21 de abril del 2014, su familia no sabe dónde está ni qué le ocurrió.

Ese lunes, Christian se encontraba en el interior de su taller, ubicado dentro del domicilio que compartía con su tío, Humberto Acevedo,  en la Av. Vaca de Castro y Antonio Agama, en el barrio San Carlos, al noroccidente de Quito. Sus vecinos lo vieron llegar en un taxi. Christian traía consigo unos repuestos con la intención de reparar su vehículo. Se vistió con su overol color verde oliva para no manchar su ropa, dejó a un lado su billetera, computador y celular, encendió la radio del auto y se puso a trabajar. “Después desapareció”, dice Cecilia Pérez, prima de Christian, quien arma el rompecabezas del suceso con las versiones de los vecinos del sector y el estado en que se encontraron sus objetos personales. Esta información se recopila en el texto de Juan Borja, cuñado de Cecilia y amigo cercano de Christian, quien por el primer aniversario de lo ocurrido publicó una carta en la muestra artística Desapareciendo: contra archivo de la información.

Al momento de la desaparición, Christian tenía el cabello de un tono rubio oscuro, medía 1,75 m. y pesaba 75 kg, lo que le daba una complexión delgada. Tenía ojos claros, una personalidad alegre y destaca por su solidaridad con su familia y amigos.

Los vecinos aseguraron escucharlo trabajar hasta las 15:30, aproximadamente. Sin embargo, cuando su tío llegó, a eso de las 22:00, Christian ya no estaba. Al ver la radio encendida, Humberto pensó que se trataba de un paseo momentáneo, pero al transcurrir 24 horas y constatar que ninguno de sus amigos se encontraba con él, decidió acudir a las autoridades.

“El policía no quería venir con mi tío – afirma Cecilia, quien se puso al frente de la búsqueda como apoderada en el caso –.  Finalmente, tras su insistencia, acudió a tomar unas fotografías. En las dos semanas siguientes, unos agentes se encargaron de mirar unas quebradas cercanas al sector, pero sin hacer una búsqueda profunda”. Mientras tanto, Cecilia y su hermano empezaron a colocar los afiches y a entregar volantes.

Días después, Cecilia tuvo una reunión en las oficinas del ECU 911 con el entonces ministro del Interior, José Serrano, quien le aseguró que la investigación estaba en curso, sin proporcionarle una respuesta concreta. Tras un año “perdido”, como lo define Cecilia, le asignaron a un agente policial de apellido Carrillo. No recuerda con exactitud su nombre, pues ya son cinco agentes y tres fiscales que han estado a cargo del caso, desconoce si durante la pandemia habría un nuevo cambio. Para Cecilia, la rotación del personal en el caso genera un retraso en la investigación, ya que cada agente debe releer la información encontrada en los expedientes, que a esta altura llega a un total de 54 cuerpos, con mil fojas cada uno.

Cecilia es una artesana de 53 años y define a Christian como una persona alegre, solidaria y muy querida por todos. Durante siete años, la misma pregunta se repite en su cabeza: ¿cómo es que una persona puede desaparecer de su domicilio sin que nadie la haya visto?

Durante el proceso de investigación, el agente Carrillo, tercero en hacerse cargo del caso, realizó entrevistas y retomó la búsqueda. Antes de él, Cecilia asegura que dos agentes viajaron a El Coca para entrevistar a los gerentes de la empresa, pero tras su regreso le informaron que se trataba de personas con mucho dinero y que no podrían estar implicados en la desaparición de su primo.

“¿Cómo es posible que en un país donde se supone que existen juzgados, policía, fiscalía, no se haya realizado una investigación a fondo en la empresa? Esto me genera una sensación de impunidad”, comenta Cecilia con un tono de voz elevada y apretando con fuerza el afiche que lleva el rostro de su primo desaparecido.

En febrero del 2013, Christian ingresó a trabajar en la empresa de servicios petroleros Baker Hugues INC. Durante sus primeros meses en la compañía, sujetos desconocidos pincharon las llantas de su vehículo. Cecilia presume que este tipo de hostigamiento tenía que ver con las sospechas que su primo tenía respecto a supuestas irregularidades en los manejos económicos de la empresa, algo que comentó con su tío en un par de ocasiones. Por tal motivo, las sospechas de la familia apuntaban a sus excompañeros de trabajo y exigían que se pusiera énfasis en investigar a quienes trabajaban para la petrolera. Pero sus versiones no fueron atendidas, pues el entonces fiscal del caso, César Mensías, dijo en ese momento: “no era posible profundizar en la hipótesis por falta de elementos”.

 

Christian Acevedo durante un partido entre las selecciones de Ecuador y Chile. Foto: Archivo familiar

 

En reiteradas ocasiones, Cecilia sintió que la actitud de los agentes era ponerse a la defensiva, siempre explicando que contaban con mucha información como triangulación de llamadas, investigaciones, perfiles de personas con quienes tuvo relación. Pese a ello, la información que supuestamente decían tener, y a la que Cecilia nunca tuvo acceso, no sirvió para determinar dónde está su primo. “Me decían que quizá salió del país, que lo habían visto en Colombia, cosas absurdas que hacían que la investigación se diluya – asegura –. No aceptamos que nos digan que se fue por su voluntad. No tenía razones para irse. Por el contrario, él estaba criando a su hijo pequeño, era responsable con sus hijos y su trabajo. No tenía tiempo para pensar en muchas cosas más”.

La indiferencia de las autoridades llevó la lucha hasta las calles. Para Cecilia, renunciar a la búsqueda de Christian no es una opción, por más que las investigaciones todavía no arrojen resultados. Su objetivo es que el Estado ecuatoriano entregue respuestas sobre quién o quiénes le hicieron esto.

Pese a que en ocasiones las fuerzas disminuyen y parecieran extinguirse, el deseo de reunir a su familia es la motivación que necesitan para mantenerse activos en una batalla que no están dispuestos a dejar. Cecilia admite que el dolor que sienten no se compara con nada, los hace sentirse vacíos porque sienten que la vida de Christian fue truncada. Y lo que más lamentan es que existan tres pequeños que se preguntan dónde está su padre y por qué no está presente junto a ellos.

Foto principal: Cecilia Pérez lleva 7 años buscando a su primo Christian Acevedo. Foto: Asfadec

Autor

Jonathan Tamayo Vaca (Quito, 1996)

@jonathanjtv19

Comunicador Social con énfasis en periodismo graduado en la Universidad Central del Ecuador.  Apasionado por el fútbol y la lectura. Los caminos que escogí me llevaron a creer en esta profesión como la herramienta para devolverle la voz a la gente.

Actualmente, voluntario en Asfadec; antes, en Bendito Fútbol, de Grupo El Comercio. Colaboré en proyectos para el Instituto de Investigación en Igualdad de Género y Derechos (Iniged), el Instituto Tecnológico Superior ‘Japón’ y el Movimiento Indígena y Campesino de Cotopaxi (MICC).

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